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Barcelona instala sensores inteligentes en el carrer Gran de Sant Andreu y la calle Consell de Cent para mejorar la convivencia entre peatones, ciclistas y patinetes

El Ayuntamiento de Barcelona da un paso concreto hacia una movilidad urbana más ordenada y segura con el arranque de una prueba piloto en dos de sus calles con mayor tráfico mixto: el carrer Gran de Sant Andreu y la calle Consell de Cent. La iniciativa, presentada este miércoles 23 de septiembre por la arquitecta en cap del consistorio, Maria Buhigas, supone instalar dispositivos tecnológicos capaces de medir en tiempo real cuántos peatones, ciclistas y usuarios de vehículos de movilidad personal —patinetes eléctricos, básicamente— circulan simultáneamente por esos tramos. El objetivo es tan simple como ambicioso: que convivir en la acera o en el carril no sea una carrera de obstáculos.

Qué significa esto para los vecinos de Sant Andreu y del Eixample

Para quien vive o trabaja en el barrio de Sant Andreu, el carrer Gran es mucho más que una vía de paso: es el eje vertebrador del barrio, con comercios, paradas de bus y un flujo constante de personas a todas horas. La mezcla de peatones mayores que van a la compra, escolares que entran y salen de clase, ciclistas que usan el carril bici y riders de reparto que se montan en la acera ha generado más de una situación incómoda —y no pocas quejas vecinales.

En la calle Consell de Cent, en pleno Eixample, la problemática es similar pero con otro perfil: turistas, trabajadores en bicicleta y una densidad peatonal que en horas punta puede complicar la circulación en los tramos más concurridos. La regulación de la movilidad en Sant Andreu lleva meses siendo objeto de debate, y esta prueba piloto llega en un momento en que el barrio acumula varias intervenciones simultáneas para ordenar el espacio público.

Lo que cambia ahora es el enfoque: en lugar de actuar a ciegas o basándose únicamente en denuncias y quejas ciudadanas, el Ayuntamiento quiere datos objetivos y en tiempo real que permitan saber cuándo y dónde se producen los cuellos de botella. Ese es el núcleo de la propuesta.

El proyecto europeo REALLOCATE: innovación para la calle

La prueba piloto no surge de la nada. Se enmarca dentro del proyecto europeo REALLOCATE, una iniciativa financiada por fondos comunitarios cuyo propósito es desarrollar soluciones innovadoras para redistribuir el espacio viario en beneficio de los desplazamientos más sostenibles. Barcelona participa junto a otras ciudades europeas que también buscan respuestas a la misma pregunta: ¿cómo se comparte la calle cuando todos quieren usarla al mismo tiempo?

El dispositivo que se instalará en estos dos ejes funciona como un contador inteligente: registra de manera continua el volumen y la tipología de usuarios que ocupan el espacio —peatones, bicicletas y vehículos de movilidad personal— sin identificar a ninguna persona, ya que trabaja con datos agregados y anonimizados. Con esa información, los técnicos municipales podrán detectar franjas horarias conflictivas, zonas de acumulación y patrones de uso que hasta ahora solo se podían intuir.

La apuesta encaja con la línea que está siguiendo el consistorio en varios frentes. Reformas del espacio público en distintos barrios han incorporado en los últimos meses criterios de accesibilidad y seguridad vial que van más allá del simple asfaltado. La diferencia ahora es que la tecnología permite cerrar el círculo: diseñar, medir, ajustar.

La arquitecta en cap, cara visible de un cambio de modelo

Que sea Maria Buhigas quien presente personalmente la iniciativa tiene su lectura política y técnica. Como arquitecta en cap del Ayuntamiento, Buhigas encarna la visión de una ciudad que se planifica desde la escala humana, priorizando la experiencia del ciudadano que camina, pedalea o simplemente quiere cruzar la calle sin sorpresas. Su presencia en el carrer Gran de Sant Andreu —y no en una sala de prensa— subraya que el Ayuntamiento quiere mostrar esta prueba piloto en su contexto real, con los vecinos como testigos directos.

La elección de estos dos carrers tampoco es casual. Representan dos realidades urbanas distintas: un eje de barrio con fuerte identidad local y una arteria del Eixample con tráfico mezclado e intenso. Si el dispositivo funciona en ambos entornos, el modelo puede replicarse en otros puntos conflictivos de la ciudad.

Qué vendrá después

Por ahora, el Ayuntamiento habla de prueba piloto, lo que implica que los resultados se evaluarán antes de tomar decisiones definitivas sobre el espacio público. No hay, de momento, anuncios de nuevas restricciones al tráfico ni modificaciones del carril bici, aunque los datos que recoja el sistema podrían justificar intervenciones futuras: desde señalización específica hasta cambios en la distribución del pavimento.

Lo que sí queda claro es que este tipo de herramientas forma parte de una tendencia más amplia. Intervenciones como la del carrer Torrent de les Roses en Pedralbes han demostrado que combinar obra civil con infraestructura tecnológica —fibra óptica, sensores, conectividad— es ya una constante en los proyectos urbanos del consistorio. La diferencia con REALLOCATE es que aquí el foco está exclusivamente en entender el comportamiento de las personas antes de mover ni un adoquín.

Para el vecino de Sant Andreu o del Eixample, el mensaje práctico es este: en los próximos meses, un dispositivo discreto instalado en su calle recogerá información sobre cómo se usa ese espacio. Si todo va bien, esos datos se traducirán en medidas concretas que hagan más cómodo y seguro el día a día. Nada espectacular a primera vista, pero exactamente el tipo de gestión invisible que marca la diferencia entre una ciudad que improvisa y una que aprende. La apuesta por soluciones innovadoras y sostenibles sigue siendo una de las señas de identidad del modelo Barcelona en materia de infraestructuras urbanas.