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La logística catalana pone cifras a una presión que ya no cabe en los márgenes

La logística catalana volvió hoy al centro del debate económico desde la sede de PIMEC en Barcelona. Y lo hizo con un mensaje claro: el sector no solo mueve mercancías, también sostiene una parte esencial de la economía catalana. Sin embargo, esa importancia no siempre se refleja en sus márgenes, en su capacidad de inversión ni en el reconocimiento que recibe por parte de grandes clientes y administraciones.

El estudio presentado en la sede de PIMEC bajo el título “Contribución de la logística a la economía” sitúa al sector como uno de los pilares estructurales de Cataluña. Según los datos expuestos, la logística representa al menos el 10,07% del PIB catalán y genera una aportación total de 29.867 millones de euros. Pero el informe también lanza una advertencia: los costes operativos se han disparado y muchas pymes trabajan en un escenario cada vez más estrecho.

La presentación corrió a cargo de Ignasi Sayol, presidente del Clúster Logístic de Catalunya, que intervino en la sede de PIMEC para explicar las principales conclusiones del estudio. Su lectura fue directa. El sector mantiene un peso enorme en la actividad económica, pero pierde fuerza en la creación de riqueza real. Dicho de otra manera: la logística trabaja más, soporta más tensión y asume más complejidad, pero no siempre consigue transformar ese esfuerzo en margen.

Un sector que Barcelona nota aunque casi nunca ve

La logística forma parte de la vida diaria de Barcelona, aunque muchas veces pase desapercibida. Está detrás de los supermercados abastecidos, de los comercios que reciben producto, de las farmacias que mantienen stock, de los restaurantes que planifican compras y de las empresas que exportan o importan mercancías.

También está detrás del comercio electrónico, de la distribución urbana, de los polígonos industriales, del puerto, de los corredores viarios y de los centros de almacenamiento que conectan la ciudad con el resto del territorio.

Sin embargo, el ciudadano suele ver la logística solo cuando aparece el problema. Un retraso, una huelga, un atasco, una falta de suministro o una subida de precios. El estudio presentado por PIMEC Logística ayuda a mirar el sector desde otra perspectiva. No como un servicio auxiliar, sino como una infraestructura económica.

Sin logística no hay economía urbana que funcione. Esta idea atraviesa todo el informe y también explica por qué la situación actual preocupa tanto a las pymes del sector.

El aviso de Ignasi Sayol

Durante la presentación, Ignasi Sayol puso el foco en una paradoja que define el momento actual. La logística catalana mueve una cifra muy relevante de actividad económica, pero su Valor Añadido Bruto pierde peso dentro del PIB.

El dato resulta significativo. El VAB logístico pasó del 4,74% del PIB en 2014 al 3,66% en 2023. Esta caída indica que el sector no está logrando retener suficiente valor dentro de su propia actividad. Mientras tanto, los costes han seguido una dirección muy distinta.

En la última década, los consumos intermedios crecieron un 37,4%, mientras que el VAB solo avanzó un 11,5%. La brecha es amplia. Y, sobre todo, dibuja un problema estructural.

Sayol lo planteó desde una lógica empresarial muy concreta. Las pymes logísticas no pueden asumir indefinidamente una subida de costes si el mercado no reconoce esa realidad en los precios. Energía, carburantes, materias primas, financiación, seguros, mantenimiento, vehículos y costes laborales pesan cada vez más.

Por tanto, el debate no se limita a una coyuntura puntual. El sector opera sobre un nuevo suelo de costes, más alto que antes de 2020. Ese cambio obliga a revisar relaciones comerciales, contratos, tarifas e inversiones.

Cuando los costes suben más rápido que el valor

Uno de los puntos más relevantes del estudio es la tensión entre actividad y rentabilidad. La logística no ha dejado de ser necesaria. De hecho, cada vez lo es más. Las empresas piden más trazabilidad, más rapidez, más flexibilidad y más capacidad de reacción.

Pero todo eso cuesta dinero. Requiere tecnología, planificación, personal formado, vehículos, almacenes, sistemas de gestión y una capacidad operativa que no se improvisa.

El problema aparece cuando el mercado exige más, pero paga como si el servicio fuera el mismo de siempre. Muchas empresas cargadoras siguen mirando la logística como un coste que deben reducir al máximo. Esa lógica puede funcionar a corto plazo, pero deteriora la cadena a medio plazo.

Si una empresa logística no puede invertir, pierde eficiencia. Si pierde eficiencia, ofrece menos capacidad de respuesta. Y si todo el sistema se debilita, el impacto llega a la industria, al comercio y al consumidor final.

Por eso el mensaje de PIMEC Logística tiene una lectura más amplia. No se trata solo de defender a un sector. Se trata de advertir que la competitividad catalana también depende de la salud de su logística.

Ignasi Sayol junto a Antoni Cañete Presidente de PIMEC

La productividad marca otra señal de alerta

El informe también destaca la evolución de la productividad. Entre 2014 y 2023, la productividad por trabajador en el sector cayó un 3,6%, al pasar de 61.314 euros a 59.082 euros.

El dato preocupa aún más cuando se compara con el conjunto de la economía catalana. Entre 2019 y 2023, la productividad general creció un 12,6%, mientras que la logística solo avanzó un 3,7%.

La diferencia refleja un desgaste. La logística no ha logrado recuperar con la misma fuerza los niveles anteriores a la pandemia. Y eso ocurre en un contexto donde la exigencia operativa ha crecido.

La pandemia cambió hábitos de consumo, aceleró el comercio electrónico y aumentó la presión sobre cadenas de suministro. Después llegaron los problemas energéticos, la inflación, las tensiones internacionales y las nuevas exigencias ambientales. El sector ha tenido que responder a todos esos cambios casi al mismo tiempo.

Por eso la productividad no depende solo del esfuerzo de cada empresa. También depende de infraestructuras, digitalización, formación, normativa, agilidad administrativa y relación con grandes clientes.

Los salarios pesan más porque el margen se estrecha

El estudio señala que los salarios absorben actualmente el 67,1% del VAB del sector, frente al 52,7% de media en la economía catalana. Este dato puede generar lecturas rápidas, pero conviene interpretarlo bien.

No significa que el problema sean los salarios. Significa que el valor añadido disponible se estrecha. Cuando el margen se reduce, cualquier coste fijo pesa más. Y la logística sigue siendo un sector intensivo en personas.

Conductores, responsables de tráfico, mozos de almacén, planificadores, administrativos, técnicos, operadores y equipos de gestión sostienen el funcionamiento diario de la cadena. La automatización puede ayudar, pero no elimina la necesidad de talento humano.

Además, la falta de profesionales en algunos ámbitos añade presión. El sector necesita atraer talento, rejuvenecer plantillas y mejorar condiciones. Pero resulta difícil hacerlo si las empresas trabajan con márgenes muy ajustados.

Aquí aparece otra contradicción. Cataluña necesita una logística más moderna, digital y profesionalizada. Pero esa transformación requiere inversión. Y la inversión exige margen.

El precio del petróleo sigue mandando demasiado

Ignasi Sayol también insistió en el impacto de la volatilidad energética. El transporte por carretera depende todavía de forma muy directa del combustible. Según la llamada regla del Brent, cada subida del 10% en el precio del petróleo puede encarecer entre un 3% y un 5% el transporte terrestre.

Este dato explica por qué muchas empresas reclaman mecanismos de protección o revisión de precios. Si el coste energético cambia de forma brusca, la tarifa logística no puede quedar congelada como si nada hubiera pasado.

El problema se agrava cuando los clientes retrasan pagos o fuerzan negociaciones a la baja. En ese contexto, las pymes soportan un doble golpe: pagan más por operar y cobran tarde o con márgenes insuficientes.

Por eso PIMEC Logística reclama corresponsabilidad. Los cargadores deben entender que la logística no es una subasta permanente. Es un servicio estratégico. Y como tal, necesita relaciones comerciales más equilibradas.

Infraestructuras, tren y una dependencia excesiva de la carretera

El estudio también mira hacia las infraestructuras. Cataluña mantiene una dependencia muy alta del transporte por carretera. Más del 90% del transporte interno terrestre se mueve por esta vía.

La carretera aporta flexibilidad, pero también crea vulnerabilidades. Expone al sector al precio del combustible, a la congestión, a las restricciones urbanas y a los límites ambientales. Por eso PIMEC Logística vuelve a poner sobre la mesa la necesidad de avanzar en intermodalidad.

El Corredor Mediterráneo aparece como una pieza clave. No solo como una obra ferroviaria, sino como una herramienta de competitividad. Si Cataluña quiere reforzar su papel logístico, necesita conexiones eficientes, nodos bien planificados y una red capaz de combinar carretera, ferrocarril, puerto y centros productivos.

Barcelona vive esta realidad de cerca. La ciudad y su área metropolitana concentran consumo, actividad económica, distribución, puerto, industria y servicios. Cualquier mejora logística tiene impacto directo en su competitividad. Y cualquier bloqueo también.

Tres líneas de actuación para evitar el desgaste

PIMEC Logística planteó tres grandes ejes de actuación. El primero pasa por un nuevo marco laboral que reconozca mejor la complejidad de la cadena logística. El sector no se limita al transporte clásico. Incluye almacenaje, distribución, tecnología, operaciones integradas y servicios de valor añadido.

El segundo eje reclama un escudo energético y fiscal para proteger a las pymes ante la volatilidad del Brent. También exige el cumplimiento de los compromisos de pago por parte de los cargadores. La liquidez resulta clave en un sector con costes diarios muy elevados.

El tercer eje apunta a las infraestructuras y la intermodalidad. Aquí el mensaje resulta claro: Cataluña no puede seguir dependiendo casi en exclusiva de la carretera si quiere reducir su vulnerabilidad.

Estas propuestas no buscan solo aliviar una tensión puntual. Pretenden evitar una pérdida de competitividad más profunda. Porque cuando la logística se debilita, toda la economía lo nota.

Una discusión que va más allá del sector

La presentación del estudio en PIMEC dejó una conclusión evidente, aunque nadie necesite formularla así. La logística catalana ha pedido entrar en el debate económico con más fuerza. No quiere aparecer solo cuando hay crisis. Quiere participar en las decisiones que afectan a la competitividad del país.

Ignasi Sayol, como presidente del Clúster Logístic de Catalunya, puso voz a una preocupación compartida por muchas pymes. El sector no rechaza competir. Tampoco pide quedar al margen del mercado. Pero reclama que se reconozca el coste real de prestar un servicio cada vez más complejo.

Barcelona y Cataluña tienen mucho en juego. La logística conecta empresas, mercados y consumidores. También condiciona precios, tiempos, exportaciones, suministro y sostenibilidad. Por tanto, tratarla como un simple gasto operativo puede salir caro.

La rueda de prensa de hoy sirvió para ordenar datos y lanzar un aviso. La logística catalana sigue siendo fuerte, pero trabaja bajo una presión creciente. Si el sistema quiere que responda mejor, también tendrá que cuidarla mejor.