Turismo en Barcelona

Barcelona sube hasta 24 euros la tasa que pagan los cruceristas de paso corto para frenar el turismo de bajo impacto económico

El Ayuntamiento endurece el coste de las escalas rápidas en el puerto

Quien llegue a Barcelona en crucero y se marche antes de que hayan transcurrido doce horas tendrá que asumir un coste cada vez mayor por pisar la ciudad. La Comisión de Economía y Hacienda del Ayuntamiento aprobó el pasado 22 de septiembre, en sesión extraordinaria, elevar el recargo municipal asociado al Impuesto sobre las Estancias en Establecimientos Turísticos (IEET) que abonan estos visitantes de escala corta. La cifra final: 24 euros por persona, aunque no se alcanzará de golpe, sino de forma progresiva hasta el año 2030.

Para el barcelonés de a pie, la medida responde a una queja que lleva años sobre la mesa: los cruceristas que desembarcan pocas horas generan congestión en el centro histórico, el Born o la Barceloneta, consumen recursos públicos como transporte y limpieza, y dejan en la ciudad un gasto muy inferior al del turista que pernocta y come en restaurantes locales. Con esta subida, el Consistorio pretende que ese desequilibrio se corrija, al menos en parte, a través de la fiscalidad.

cruceros

Barcelona, Spain – September, 24th 2019: Celebrity Edge, moored at the cruise terminal in Barcelona

Cómo se vota y qué viene ahora

La aprobación en comisión no es el punto final del proceso, sino el primero de una cadena de pasos. Han votado a favor Junts, PSC y ERC; en contra, BComú, PP y Vox. El siguiente escalón es el Pleno del Consell Municipal, previsto para el viernes 25 de septiembre, donde la medida deberá ser aprobada de manera inicial para someterse después a un periodo de información pública. Si el calendario se cumple, la aprobación definitiva podría cerrarse antes de que acabe 2026.

El Consell Tributari municipal avala la fórmula escalonada porque aporta, según recoge su propio informe, la seguridad jurídica y la progresividad que se consideran deseables en cualquier modificación impositiva de este calibre. En términos recaudatorios, si el número de cruceristas de corta estada se mantiene estable, el Ayuntamiento calcula que ingresaría cerca de 23,7 millones de euros anuales a partir de 2030 por este concepto.

La misma sesión también debatió el IBI de hoteles y ocio

La reunión extraordinaria de la comisión no se limitó a los cruceros. El gobierno municipal puso también sobre la mesa una propuesta para incrementar el Impuesto sobre Bienes Inmuebles (IBI) diferenciado para el sector de ocio y hostelería, que pasaría del 1,17 % actual al 1,30 %, el techo que permite la ley. Esta subida afectaría únicamente al 10 % de los inmuebles dedicados a esa actividad con mayor valor catastral, lo que en la práctica equivale a unos 200 hoteles de la ciudad.

En este punto, el resultado de la votación fue distinto: PSC y ERC dijeron sí; Junts, PP y Vox votaron en contra, y BComú se abstuvo. El impacto económico estimado es de 4,7 millones de euros adicionales para las arcas municipales: 3,8 millones derivados estrictamente del cambio normativo y 0,9 millones procedentes de la revisión catastral de 2018 que todavía no se habían traducido en mayor recaudación.

Como ya adelantamos en nuestra información sobre la subida de impuestos al turismo de cruceros y a los grandes hoteles, ambas medidas forman parte de una estrategia más amplia para modular el modelo turístico de la ciudad.

Acuerdos paralelos: sombra y refuerzo escolar

La sesión también sirvió para dar a conocer dos acuerdos políticos alcanzados por el gobierno municipal antes de la reunión. El primero, con Junts, para acelerar el Programa de Sombras: más toldos en zonas de juego infantil, ampliación del arbolado y nuevas fuentes públicas en puntos estratégicos de la ciudad, una respuesta directa a las olas de calor que cada verano castigan especialmente a los barrios más densamente poblados. El segundo acuerdo, firmado con ERC, busca poner en marcha una nueva política de refuerzo escolar gratuito dirigida a los alumnos que más lo necesitan.

Un paquete de medidas antituristicización que lleva años cocinándose

Ni la tasa a los cruceristas ni el IBI hotelero son iniciativas aisladas. El Ayuntamiento lleva varios ejercicios apostando por restringir o encarecer aquellas formas de turismo que generan más impacto negativo en el tejido urbano. Entre las medidas ya en vigor o en proceso destacan:

  • La creación de la llamada Zona Bus 4.0, diseñada para ordenar el aparcamiento de autocares turísticos y evitar que bloqueen vías del centro.
  • La subida de la entrada al Park Güell hasta los 18 euros, para desincentivar las visitas masivas al recinto modernista.
  • El acuerdo con el Puerto de Barcelona para reducir de siete a cinco las terminales de cruceros operativas.
  • La decisión de extinguir las licencias de apartamentos turísticos a partir de 2028, una medida que afecta directamente a miles de pisos en barrios como el Eixample, Gràcia o el Casc Antic.

Para quienes viven en Barcelona, este conjunto de decisiones tiene una lectura clara: el Ayuntamiento trata de recuperar espacio público y calidad de vida en los barrios más saturados. Calles como las Ramblas, el paseo de Gràcia o el entorno de la Sagrada Família concentran buena parte de la presión turística, y sus vecinos llevan años reclamando medidas concretas. Proyectos como la renovación de la plaça del Poeta Boscà en la Barceloneta van también en esa dirección: devolver espacio de calidad a los residentes de los barrios más visitados.

Qué significa para el vecino

En términos prácticos, quien vive en Barcelona no pagará nada de más: el recargo lo abona el crucerista, no el residente. Lo que sí puede notar el barcelonés es, con el tiempo, una menor concentración de turistas de paso en los puntos más concurridos, ya que la lógica de la medida es que el precio más alto desincentive la escala corta en Barcelona en favor de destinos más baratos o de estancias más largas que generen mayor valor añadido para la ciudad.

El recargo se suma a las tasas autonómicas ya existentes y se cobra a través de las navieras, que son las encargadas de trasladarlo al precio del billete o de cobrarlo directamente al pasajero al desembarcar. En ciudades como Venecia o Dubrovnik, fórmulas similares han demostrado cierta eficacia para modular los flujos, aunque los expertos advierten de que el efecto disuasorio depende mucho del nivel de la tasa y de si se aplica de forma coordinada con otros puertos del Mediterráneo.

La ciudad también trabaja en mejorar la experiencia de quienes sí deciden quedarse más días, con inversiones en transporte público y espacios públicos. La nueva línea exprés X1 de bus hasta la Zona Universitaria es un ejemplo de cómo la ciudad amplía su red para residentes y visitantes de larga estada por igual.

El debate sobre el modelo turístico de Barcelona está lejos de cerrarse, pero la votación de este martes en la Comisión de Economía y Hacienda deja claro que hay mayoría suficiente para avanzar en la dirección de un turismo más selectivo y con mayor retorno económico para las arcas y los barrios de la ciudad. La colaboración con otras metrópolis globales como Nueva York también apunta a que Barcelona busca referentes internacionales para afrontar los retos de la convivencia entre turismo y vida cotidiana.