Vida ciudadana

Barcelona aprueba el primer reglamento del Servicio de Ayuda a Domicilio para blindar los derechos de casi 20.000 usuarios

Un marco legal para el servicio que cuida a las personas más vulnerables en casa

El Ayuntamiento de Barcelona ha dado un paso decisivo para ordenar y garantizar la calidad del Servicio de Ayuda a Domicilio (SAD), el recurso social que permite a personas mayores, con discapacidad o en situación de riesgo seguir viviendo en su propio hogar con apoyo profesional. Por primera vez, este servicio contará con un reglamento propio que recoge en un único documento todos los derechos y obligaciones de quienes lo reciben, de quienes lo prestan y del propio consistorio.

Hasta ahora, las reglas del juego del SAD estaban dispersas en pliegues técnicos, protocolos internos y documentos administrativos que pocos usuarios conocían y que, en la práctica, dejaban zonas grises difíciles de resolver. El nuevo reglamento, aprobado recientemente, pone orden en ese laberinto y traduce en lenguaje normativo lo que el vecino ya sabía por experiencia: que cuando un familiar necesita ayuda en casa, las cosas deben funcionar con garantías.

Qué cambia en la práctica para los ciudadanos

El reglamento se estructura en 50 artículos repartidos en 8 capítulos. Para el usuario de a pie, las novedades más relevantes son las siguientes:

  • Derechos y deberes claros: por primera vez, la persona que recibe el servicio sabe exactamente qué puede exigir y qué se espera de ella y de su entorno familiar.
  • Copago según capacidad económica: la normativa detalla en qué casos el usuario debe contribuir económicamente al coste del servicio y en qué cuantía, según las tarifas aprobadas por el consistorio. Quien tenga menos recursos pagará menos o nada.
  • Régimen sancionador: se introducen por primera vez sanciones para quienes incumplan las normas, tanto usuarios como entidades prestadoras. Las infracciones más graves pueden suponer la suspensión del servicio o multas de hasta 100.000 euros para las empresas gestoras.
  • Nuevo Consejo de Participación del SAD: se creará un órgano con representación de familias, usuarios, trabajadoras, personal del Institut Municipal de Serveis Socials (IMSS) y entidades prestadoras para hacer seguimiento del servicio y proponer mejoras.

Un servicio que mueve millones de horas de atención

Las cifras ponen en perspectiva la dimensión del SAD en Barcelona. Solo en 2025, el servicio atendió a 19.598 personas y se prestaron más de 3,5 millones de horas de atención. Hablamos del recurso social más utilizado de la ciudad para mantener a personas dependientes en su entorno habitual, evitando ingresos en residencias y preservando su autonomía.

La regidora de Salud, Personas con Discapacidad y Estrategia contra la Soledad, Marta Villanueva, ha destacado que el objetivo es avanzar hacia un modelo de corresponsabilidad colectiva donde instituciones, familias y comunidad compartan la responsabilidad del cuidado, en lugar de recaer esta tarea casi exclusivamente sobre las mujeres del entorno familiar.

La perspectiva de género, al centro del debate

El reglamento incorpora explícitamente la perspectiva de género, y no es un detalle menor. El sector de los cuidados a domicilio está protagonizado de forma abrumadora por mujeres, muchas de ellas en condiciones laborales precarias. El texto reconoce esta realidad y compromete al Ayuntamiento a promover la democratización del trabajo de cuidados, es decir, que dejen de ser una carga invisible soportada mayoritariamente por mujeres, ya sean profesionales o familiares.

Esta línea de trabajo conecta con otras iniciativas municipales y provinciales orientadas a la igualdad, como la red de Puntos Lila de la Diputació, que también trabaja para transformar dinámicas sociales arraigadas.

Un proceso participativo que implicó a todos los actores

La elaboración del reglamento no se hizo a puerta cerrada. El Ayuntamiento abrió un proceso participativo en la plataforma decidim.barcelona que generó 297 aportaciones y comentarios de usuarios, familias, trabajadoras del sector, entidades gestoras y grupos municipales. El resultado es una normativa que, según el consistorio, recoge la visión de todos los colectivos implicados.

Este modelo de elaboración participativa es cada vez más habitual en Barcelona para proyectos que afectan a servicios públicos de proximidad, y sirve también como mecanismo de legitimación social de las decisiones administrativas.

Un nuevo contrato que sube los salarios un 41%

Paralelamente al reglamento, el SAD está en proceso de adjudicación de un nuevo contrato de gestión con un presupuesto licitado de 452,8 millones de euros, lo que representa un incremento anual del 35,56% respecto al contrato anterior. El salto es significativo: se pasa de unos 107 millones anuales a casi 146 millones.

La razón principal de ese aumento es la aplicación del nuevo convenio colectivo de empresas de atención domiciliaria de Cataluña, que prevé una subida salarial del 41,55% aplicada de forma progresiva hasta 2031. También se regulan mejor la jornada laboral y los permisos retribuidos de las trabajadoras del sector.

El nuevo contrato también incorpora nuevos perfiles profesionales y mejoras en la comunicación con los usuarios para que sepan en todo momento quién les va a atender y cuándo. Una apuesta por la continuidad y la proximidad en la atención, dos factores clave para la calidad percibida por quien recibe el servicio.

Un servicio que se moderniza mientras la ciudad crece en complejidad social

Barcelona afronta, como otras grandes ciudades, el reto del envejecimiento de la población y el aumento de las situaciones de soledad no deseada. En ese contexto, reforzar el SAD no es solo una decisión de política social: es una respuesta estructural a una necesidad que seguirá creciendo. La ciudad ya trabaja en otros frentes para dar respuesta a la vulnerabilidad urbana, como el refugio de día para personas sin hogar en Sant Martí, y a la vez impulsa iniciativas de mayor alcance, como la cumbre mundial sobre la crisis de la vivienda prevista para noviembre, que también incide directamente en las condiciones de vida de los colectivos más vulnerables.

Con la aprobación de este reglamento, Barcelona aspira a convertirse en referencia estatal en la regulación de los servicios de atención domiciliaria, un terreno en el que la mayoría de municipios españoles todavía no han dado pasos equivalentes.