Desarrollo Urbano y Transporte

Barcelona estrena un sistema de reparto inteligente para abastecer bares y restaurantes con menos ruido y menos colapso en la calle

Quien vive o trabaja cerca de la Rambla del Raval o del cruce entre Pau Claris y Casp sabe bien lo que ocurre cada mañana: furgonetas de reparto bloqueando el carril, repartidores arrastrando barriles decenas de metros porque no hay donde aparcar, y una cadena de dobles filas que convierte esos tramos en un pequeño caos cotidiano. Desde este 9 de octubre, Barcelona pone a prueba una respuesta concreta a ese problema con el arranque del proyecto HORECA HUB, una prueba piloto que reserva plazas de carga y descarga exclusivas para los distribuidores que abastecen bares, restaurantes, cafeterías y hoteles.

Barcelona estrena un sistema de reparto inteligente para abastecer bares y restaurantes con menos ruido y menos colapso en la calle

Tres plazas, ocho empresas y seis meses de datos reales

El piloto comienza con tres puntos de carga: uno en Pau Claris con Casp, en pleno Eixample, y dos en la Rambla del Raval, en Ciutat Vella. Dos barrios con alta densidad hostelera y con una problemática de movilidad bien conocida por sus residentes. En cada ubicación operarán siete vehículos de forma coordinada, siguiendo un sistema digital de reserva de franjas horarias que evita que varios distribuidores lleguen al mismo tiempo y se queden sin espacio.

Ocho empresas del sector participan en la iniciativa: DDI-Distribución Directa Integral (Damm), Disbesa, Coseral BCN, Distribuciones Serrano, Dist Crusat, Discer, Qualianza y Euroestrelle. Juntas cubren una parte significativa del suministro de bebidas, alimentos y material de hostelería en el centro de la ciudad.

La duración mínima de la prueba es de seis meses, tiempo suficiente para recoger información real sobre tiempos de entrega, distancias recorridas a pie, uso efectivo de las plazas y experiencia tanto de los repartidores como de los establecimientos receptores.

Por qué la distribución hostelera es diferente a la paquetería

La regulación habitual de las zonas de carga y descarga está pensada para paquetes: objetos ligeros, entregas rápidas, un solo punto de parada. El sector HORECA funciona de otra manera. Un mismo vehículo puede tener que dejar barriles de cerveza, cajas de botellas, bandejas de alimentos frescos y, al mismo tiempo, recoger los envases vacíos del día anterior para devolverlos al distribuidor. Esta logística inversa, la recogida de materiales reutilizables, es una parte esencial del modelo y casi nunca se tiene en cuenta en el diseño del espacio urbano.

Como explica Cristian Castillo, coordinador del grupo URBANLOG de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) y uno de los responsables técnicos del proyecto: La regulación de carga y descarga está pensada para la paquetería y la hostelería tiene una operativa muy diferente: mercancía pesada, barriles, cajas, entregas muy frecuentes y, además, la recogida de envases. Por eso queremos entender cómo funciona el sistema de distribución que proponemos a pie de calle y, sobre todo, ponerle datos.

Esos datos llegarán a través de una plataforma digital que registra en tiempo real las reservas, los tiempos de ocupación de cada plaza, las rutas recorridas a pie y las incidencias. La UOC aporta tecnología de sensores IoT, identificación por radiofrecuencia (RFID) y herramientas de optimización logística desarrolladas por sus grupos de investigación especializados en redes urbanas y computación.

Los vehículos actúan como almacenes móviles de barrio

El concepto central del modelo es tratar el camión o la furgoneta como un microhub móvil: una vez estacionado en la plaza reservada, el repartidor completa las entregas cercanas a pie o con carros, sin mover el vehículo entre parada y parada. Esto reduce los metros recorridos en coche por calles estrechas y acorta el tiempo total de la ruta.

Para el vecino de Raval o del Eixample, la mejora más visible sería la reducción de vehículos en doble fila y de camiones detenidos en medio de la acera. Para el repartidor, la ventaja es no tener que dar vueltas buscando sitio antes de cada entrega, algo que según los datos del propio Ayuntamiento genera recorridos adicionales e innecesarios que agravan la congestión.

Según el diagnóstico municipal, la distribución de mercancías representa el 17% de toda la movilidad en Barcelona y genera el 31% de las partículas PM10 y el 34% de los óxidos de nitrógeno que emite el tráfico de la ciudad. El sector hostelero, por su parte, acapara el 22,2% de todos los repartos urbanos. Reducir la ineficiencia en ese segmento concreto tiene, por tanto, un impacto directo en la calidad del aire.

Una apuesta que encaja con los objetivos climáticos de 2030

El proyecto no nace de forma aislada. Forma parte de Barcelona Innova Lab Mobility (BILM), una plataforma impulsada conjuntamente por el Ayuntamiento de Barcelona y Fira de Barcelona para probar soluciones reales de movilidad urbana antes de extenderlas. En los últimos años, esta iniciativa ya ha testado proyectos relacionados con la reducción de accidentes de motos, la mejora de la circulación de autobuses, la regulación semafórica mediante inteligencia artificial y el ruido del tráfico.

El horizonte que marca el consistorio es ambicioso: reducir a la mitad las emisiones generadas por la movilidad profesional antes de 2030. Lograr ese objetivo requiere cambiar los modelos de distribución, no solo electrificar los vehículos. En esa línea, la ciudad también está avanzando en otros frentes: el análisis del coste de electrificar toda la flota de autobuses de TMB es otro de los procesos abiertos en paralelo.

Anna Masuet, directora adjunta de ADISCAT, la asociación de distribuidores que colabora en el proyecto, resume el paso dado: Hoy hemos pasado del diagnóstico a una prueba real. Las empresas distribuidoras comienzan a utilizar unas plazas de carga y descarga pensadas específicamente para su operativa y coordinadas mediante tecnología.

¿Puede extenderse al resto de la ciudad?

Los impulsores del proyecto son explícitos en su intención: si los resultados del piloto son positivos, el modelo podría replicarse en otros puntos de Barcelona y adaptarse a otros municipios. La metodología está diseñada para ser medible y transferible, no para quedarse en una experiencia puntual en dos barrios.

El éxito dependerá en gran medida de que los distribuidores adopten el sistema de reservas con disciplina y de que los establecimientos hosteleros perciban una mejora tangible en los tiempos y la comodidad de las entregas. También será clave que las plazas reservadas se respeten, un problema habitual en las zonas de carga y descarga convencionales de la ciudad. En ese sentido, la tecnología de monitorización será la que permita detectar en tiempo real cualquier ocupación indebida.

La iniciativa conecta con una tendencia más amplia de introducir sensores y datos en el espacio público para mejorar la convivencia. Algo que Barcelona ya está explorando en otros ámbitos: la instalación de sensores inteligentes en el carrer Gran de Sant Andreu y en la calle Consell de Cent para gestionar la convivencia entre peatones, ciclistas y patinetes es otro ejemplo reciente de la misma lógica.

De momento, durante los próximos seis meses, Raval y Eixample serán el laboratorio. Y los barriles de cerveza, los datos.