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Sarrià estrena 16 pisos de protección oficial construidos y gestionados por una cooperativa de vecinos sobre suelo municipal

El barrio de Sarrià ha estrenado un nuevo edificio residencial que, lejos de seguir el modelo convencional de promotora privada y comprador individual, nació como un proyecto colectivo: 16 familias que decidieron unirse en cooperativa, levantar su propio bloque sobre un solar municipal cedido por el Ayuntamiento y convertirse ellas mismas en gestoras del lugar donde viven. El resultado es la promoción Torrent Viu, en el número 4 del carrer del General Vives, en el distrito de Sarrià-Sant Gervasi.

Una fórmula para quedarse en el barrio sin pagar precio de mercado

Para entender qué supone este proyecto en términos prácticos, conviene explicar el mecanismo detrás. El Ayuntamiento de Barcelona es propietario de un solar que, en lugar de venderlo o construir sobre él vivienda pública convencional, lo cede durante 75 años a una cooperativa sin ánimo de lucro. La cooperativa —en este caso, Torrent Viu— financia y construye el edificio con las aportaciones de sus socios, y cada familia obtiene el derecho de uso de su piso. No son propietarios en el sentido tradicional; en cambio, acceden a una vivienda de protección oficial a un precio muy por debajo del mercado y con la seguridad de una cesión de uso a larguísimo plazo. Cuando vence ese plazo, los pisos pasan a ser patrimonio municipal.

¿Qué gana el vecino? Estabilidad y precio contenido en uno de los barrios históricamente más caros de Barcelona. ¿Qué gana la ciudad? Patrimonio público que no puede especularse: esos pisos jamás pierden su calificación de vivienda protegida.

El teniente de alcaldía de Economía, Vivienda, Hacienda y Turismo, Jordi Valls, presidió este viernes la entrega simbólica de llaves a la presidenta de la cooperativa, Marta Vendrell, y subrayó que iniciativas como esta permiten que los vecinos puedan desarrollar un proyecto de vida a largo plazo en su barrio sin verse expulsados por la presión del mercado inmobiliario.

Un edificio diseñado para la vida en comunidad

El inmueble, proyectado por la cooperativa de arquitectura Celobert, se organiza en semisótano, planta baja y tres plantas superiores. Cada nivel alberga cuatro viviendas y áreas comunitarias de uso flexible, vertebradas por un núcleo central desde el que se accede a todos los pisos. La apuesta por los espacios compartidos es deliberada: las viviendas se han comprimido entre 40 y 70 metros cuadrados precisamente para liberar superficie destinada a la vida colectiva.

Dentro de cada piso, la distribución también es inteligente: baño y cocina en un núcleo fijo, y el resto del espacio adaptable entre una y cuatro habitaciones según la composición familiar. La estructura combina madera y hormigón, y los materiales de acabado —lana mineral, maderas naturales— apuntan tanto al confort térmico y acústico como a criterios de sostenibilidad.

La cooperativa Perviure, especializada en covivienda, acompañó a Torrent Viu durante todo el proceso: desde la cohesión del grupo y la gobernanza interna hasta el asesoramiento económico, jurídico y arquitectónico. No es un detalle menor: uno de los retos de este modelo es mantener la cohesión del grupo de personas que comparten edificio y decisiones durante décadas.

Un piso para jóvenes en proceso de emancipación

Uno de los 16 pisos tiene un perfil especial. La Fundación Nazareth, socia de la cooperativa, gestiona esa unidad para acoger a jóvenes en proceso de emancipación, una de las franjas de población más vulnerables ante el actual mercado del alquiler en Barcelona. La inclusión de este perfil dentro de un proyecto cooperativo de clase media refuerza la idea de que el modelo no está reservado a un único tipo de familia.

El convenio ESAL y la escala del modelo

Torrent Viu fue uno de los primeros acuerdos de este tipo, pero el Ayuntamiento lleva años sistematizando la fórmula. En 2020 formalizó el llamado convenio ESAL, un marco que agrupa a todos los promotores de vivienda social sin ánimo de lucro de la ciudad. Ese primer convenio ya tiene todos sus solares en alguna fase de tramitación, lo que ha llevado al consistorio a impulsar un segundo acuerdo orientado a generar 1.500 pisos públicos adicionales.

El paraguas del Pla Viure contempla también alianzas con sindicatos de trabajadores, con el Institut Català del Sòl (Incasol) y con el Consorci de la Zona Franca, además de concursos abiertos de solares. La estrategia municipal pasa por movilizar al máximo número de operadores posibles para ampliar el parque público de vivienda asequible, ante la dificultad de construir suficiente oferta solo desde la administración.

En un contexto en que la presión sobre los barrios de Barcelona afecta tanto al comercio local como a la vivienda, iniciativas como Torrent Viu son presentadas por el gobierno municipal como una herramienta concreta contra el desplazamiento de la población residente.

¿Qué significa para un vecino de a pie?

El modelo de cesión de uso no es fácil de explicar en dos frases, pero sus efectos son muy tangibles. A diferencia de una hipoteca, el cooperativista no es propietario registral del piso, pero tampoco está sujeto a las fluctuaciones del mercado de alquiler ni puede ser desahuciado por una subida de precio. La cuota mensual que abona —equivalente a los costes de mantenimiento y amortización de la inversión inicial— está regulada y protegida por la calificación de vivienda de protección oficial.

En un barrio como Sarrià, donde el precio medio del alquiler libre supera con creces los umbrales que muchas familias pueden asumir, disponer de 16 pisos más en este régimen no es un número menor. Es, sobre todo, un mensaje sobre qué tipo de ciudad quiere ser Barcelona: una en la que quedarse en el propio barrio no dependa exclusivamente del poder adquisitivo.

Mientras el barrio de Sarrià incorpora estas nuevas familias a su tejido social, la ciudad sigue buscando fórmulas para equilibrar su transformación urbana con el derecho de permanencia de quienes la habitan. Y en el horizonte festivo, los barceloneses ya calientan motores para la Mercè 2026, que arranca el 23 de septiembre con cinco días de programación cultural que llenarán de actividad los mismos barrios donde proyectos como Torrent Viu intentan garantizar que sus protagonistas sigan siendo los mismos vecinos de siempre.